LOS MALASPINA EN CERDEÑA

Marco histórico : Cerdeña en el siglo XII.

 

Primero colonia fenicia, después romana, invadida por los Vándalos antes de ser anexada al Imperio Bizantino en 534, Cerdeña fue conquistada por los sarracenos en el siglo VIII. Los Árabes fueron repelidos por levantamientos populares después de 70 años de dominación, y sólo volvieron a la isla en 1015, dirigidos por Mujahid Al Amiri. Conquista del breve duración, ya que en 1017, esté abandonó la isla ante la amenaza de las flotas pisanas y genovesas solicitadas por Roma. Rapidamente, la inmicción de las ciudades ligur y toscana se convirtió en un protectorado, y finalmente en dominación. La lucha por la influencia entre Génova y Pisa persistirá durante varios siglos, a pesar de la intervenciones de los papas, la interferencia imperial y finalmente la dominación aragonesa favorecida por Roma a finales del siglo XIII.

 

El poder de las dos ciudades italianas que se compartían la isla necesitaba un modo del organización política local original, testimoniada a partir de mediados del siglo IX. La isla se dividía en cuatro regiones autónomas, llamadas Judicados : Torres (o Logudoro), Gallura, Arborea y Cagliari, sujetas a la autoridad de reyes llamados "jueces", elegidos por el parlamento sardo. Cada Judicado estaba dividido en varios distritos administrativos y judiciales llamados curadorias, dirigida por administradores designados o simplemente aprobados por los jueces. Después de la toma de control genovesa y pisana, el único Judicado independiente fue el de Arborea.

 

La organización política sarda, en manos de las ciudades italianas rivales, se mantendrá hasta la llegada del la aragoneses, lo cuales le sustituyeron su propio sistema feudal. A través de este sistema político instable, los Malaspina, aliados con familias genovesas como los Doria, se integraron en la isla y se mantuvieron allí por aproximadamente un siglo y medio. 

 

Los judicados sardos

 

Los Malaspina en la Cerdeña de los siglos XII y XIII. 

 

La fecha de la llegada de los Malaspina en Cerdeña sigue siendo incierta. De hecho, su participación en las expediciones contra los sarracenos en el siglo XI, y en la subsecuente división de la isla en 1051 entre Pisa y varias familias toscanas y ligures no pudo ser demostrada. Las crónicas del siglo XIV que atestiguan este hecho serían en realidad el eco de sus reivindicaciones frente a los aragoneses.

 

En realidad, los primeros contactos documentados entre los Malaspina y los jueces de Cerdeña se remontaban a la segunda mitad del siglo XII, dentro del marco de las negociaciones entre el Municipio del Génova, el Imperio y Barisone, juez del Arborea, para la coronación de éste como "rey de Cerdeña”. Parece, pues, que en 1164, la Gran Obizzo hubiera sido mandado a la isla por la emperador Federico I para escoltar a Barisone hasta Génova. Unos años más tarde, Moroello, uno de los hijos de Obizzo, apoyó Génova contra Pisa, en la lucha por la supremacía en Cerdeña, tal vez con el fin de introducirse en la escena política local. En 1185, Moroello dio su hija Adelasia al Marqués Guglielmo de Pallodi (Parodi), de la casa de los Massa-Córcega, nieto del Alberto Corso, quien había tomado posesión del giudicato Cagliari. Posteriormente, el hermano del Adelasia, Guillermo, se convierte en un aliado de su cuñado homónimo, Marqués de Massa, cuando este último atacó el Judicado de Gallura en 1198. Guglielmo Malaspina se encontró entonces a cabeza del Judicado e impuesto como marido de la Donnikella Elena, heredera al trono.

 

Esta alianza disimulaba una estrategia político-matrimonial hábil : adquiriendo los derechos sobre el Judicado de Gallura, los Malaspina sentaban las bases para una dominación tirreno sobre la Liguria oriental, Córcega y Cerdeña. Sin embargo, a petición del Inocencio III, el Marqués de Massa hizo retirar a Guglielmo Malaspina de Gallura en 1203, y los pactos matrimoniales con Elena fueron anulados, provocando el fracaso del proyecto expansionista. Adelasia, quien había dado a Guglielmo dos hijas, Benedetta y Agnese, murió alrededor de 1206.

 

Guglielmo Malaspina, sin embargo, siguió asistiendo a la corte de Cagliari : en junio de 1214, está presente en un acto de donación de Benedetta y Barisone, jueces de Cagliari, a favor del monasterio ligur de San Venerio del Tino. Algunos años después, en 1220, el Marqués gravemente enfermo decidió abandonar la isla, muriendo en Génova poco después.

 

Guglielmo di Massa, principal aliado político de los Malaspina en Cerdeña, murió en 1214. Sin embargo, la matrimonio Agnese (hija de Guglielmo y Adelasia) con el juez de Torres, Mariano II, celebrado alrededor de 1200, sienta las bases para la inserción de los Marqueses en este  Judicado. Mariano II dio a su hija legítima el nombre de su abuela, Adelasia. Por otra parte, Corrado Malaspina, hijo natural de Federico de Villafranca, se casó con Urica, una hija natural de Mariano II. Pero Corrado muere sin herederos legítimos.

 

No subsiste ninguna documentación sobre el papel y la actividad del los Malaspina en el Judicado  Torres en los años posteriores a la muerte de Mariano II. Después de éste, seguido por el breve reinado de Barisone III, fue Adelasia, hija de Mariano II, procedente de los Malaspina y de los Marqueses de Massa por lado maternal, quien reinó, primero junto a Ubaldo Visconti, y después Enzo de Suecia .

 

Después de la muerte del Adelasia en 1259, el Judicado de Torres se disgregó gradualmente, mientras el Judicado de Cagliari sufría un destino similar. Según una crónica de fines del siglo XIII, los Marqueses “Malispini” hubieran participado en la ofensiva encabezada por los Visconti, Capraja y Donoratico contra el juez de Cagliari, recibiendo a cambio, de parte de Pisa, unas tierras del Logudoro (judicado de Torres). Un hecho que sigue siendo incierto, ya que ningún Malaspina aparece en el acto formal de rendición del juez. Sin embargo, es probable que la supremacía pisana en la mayor parte de Cerdeña a mediados del siglo XIII haya estimulado los Malaspina para contraer un vínculo de vasallaje con la ciudad toscana. Es posible que los Marqueses se hayan declarado vasallos de Pisa para ciertos bienes adquiridos a través del matrimonio de Corrado con Urico, o que hayan obtenido nuevos territorios para el beneficio del Pisa, a cambio de su apoyo contra el juez de Cagliari .

 

Antes de 1266, Corrado, sin herederos varones, había realizado una división del patrimonio de Cerdeña/ Cerdeño en tres partes, manteniendo la primera para él, y reservando las otras dos para sus tíos Manfredi y Moroello. En 1266, los titularios de los dominios de Cerdeña eran Moroello Manfredi y Alberto (hijo de Corrado el Antiguo), y Corrado, Opizzino y Tommaso de la rama de Villafranca. A pesar de la falta de domentación, se puede suponer que el poder de los Malaspina estaba bien consolidado, ya que en 1268 Moroello y Manfredi se atrevieron a enviar una delegación ante Clemente IV para solicitar la asignación de la vicaría pontificia en Cerdeña. Pero la Papa se negó, diciendo que no tenía Cerdeña "in pace".

 

Durante esto período, Malaspina se acercaron a Génova, como lo demuestra el establecimiento de lazos matrimoniales con los Fieschi, Spinola y Doria. La alianza con Génova se hizo patente cuando Moroello se cometió en la lucha contra Pisa. A pesar de su victoria junto a Génova, los Malaspina tuvieron que seguir enfrentándose contra Pisa y su aliado, el Juez del Arborea. En 1297, un Malaspina hubiera tomado parte en una expedición contra el juez del Arborea, dirigida por Nino Visconti.

 

Entre los siglos XIII y XIV, las posesiones de los Malaspina en la isla estaban en manos de Moroello el Joven de Giovagallo, Franceschino de Mulazzo, y Tommaso y Opizzino de Villafranca. A pesar de las divisiones familiares, en 1296 Moroello, Franceschino e Opizzo se hicieron donación mútua de sus bienes continentales e insulares.  

 

Si la presencia de los Malaspina en Cerdeña como señores está bien documentada hasta la fecha, se desconoce el tamaño exacto del territorio que controlaban, con la excepción del algunas tierras en Sassari, la adquisición temporaria de Castelgenovese, Casteldoria y de la curadoría (subdivisión administrativa del un judicado) del Anglona. La propiedad del Bosa y Osilo, traídos en dote por Urica, está claramente atestiguada a partir de 1301. A lo cual conviene añadir las curadorías asociadas de Planargia y Montes.  

 

Los primeros años del siglo XIV vieron una aceleración del proceso de conquista de territorios, probablemente debido a la inminente llegada del rey Jaime II de Aragón, a quien el Papa Bonifacio VIII había donado Cerdeña en 1297, y de quien se espera la investidura feudal de los nuevos territorios. Esto puede explicar un conflicto con la ciudad de Sassari, dirigida por un podestà genovés, que controlaba una vasta zona entre los dominios de los Malaspina y de los Doria, ambos ansiosos por ampliar su influencia. Derrotados en un primer tiempo, los Sassaresi lograron recuperar el control del territorio, a excepción de los castillos, quedados en manos de sus enemigos. Decidieron entonces recurrir a Génova. Por su parte, los Malaspina negocian con Jaime II de Aragón, para quien Bosa, su castillo y su puerto, así como Osilo, constituyen puntos estratégicos para la toma de posesión de la isla. Al final, los Marqueses Malaspina consiguen el apoyo de los Aragoneses a cambio de los suscripción de un acto del vasallaje. Gracias a las contribuciones financieras de Lucca y Florencia y a la ayuda aragonesa, Corradino (Corrado) Malaspina organiza un ejército de un cien jinetes y doscientos soldados de infantería.

 

 

Torre del castillo de Osilo

Los Malaspina en la Cerdeña aragonesa

 

En 1309, en agradecimiento por su ayuda contra Pisa, Jaime II reconoce Moroello, Corradino y Franceschino como vasallos, dándoles en feudo los baronías (curadorías) de Osilo, Castelgenovese, Casteldoria y Montevetro, otorgándoles, en virtud del derecho aragonés, plena juridicción penal y civil. Sin embargo, el vasallo más importante del la isla sigue siendo Ugone II, Juez de Arborea, pero a cambio de un censo anual de 3.000 florines de oro. Parece que por su parte, y a diferencia de otros vasallos, los Malaspina estuvieron exentos de censo y servicio militar.

 

 

 

Jaime II de Aragón

En 1317, los Marqueses ceden la ciudad de Bosa al Juez de Arborea, tal vez a cambio de un apoyo contra Pisa, después de que la reconciliación entre Jaime II y el Juez Mariano II haya permitido formar un frente unido en la isla contra la ciudad toscana. Una transacción que también podría explicarse por la necesidad de asegurar un poder malaspiniano debilitado por el fallecimiento de Moroello, Corradino y Franceschino y la juventud de sus herederos, menores de edad. A continuación, la documentación demuestra el creciente poder de la rama de Villafranca a través Federico, Azzone y Giovanni: cuando en 1323 el Infante Alfonso inicia la campaña de conquista del "Reino de Cerdeña y Córcega", según el título pontificio, es Azzone quien le presta juramento durante el sitio del Villa di Chiesa.

 

 

 

El castillo Malaspina de Bosa

A pesar de los acuerdos formales, las relaciones entre los Malaspina y los titulares del Reino de Cerdeña y Córcega se vuelven rápidamente problemáticas. Quizás por causa del incumplimiento por los catalano-aragoneses de las prerrogativas jurisdiccionales de sus aliados, los Marqueses toman parte en las rebeliones anti-aragonesas en el norte de la isla, junto con los ciudadanos de Sassari, enemigos del ayer. Probablemente, la cuestión de Bosa, nunca llegada a manos de los Malaspina, desempeñó un papel importante en este movimiento de oposición. En 1324, Federico Malaspina fue detenido por el gobernador Berenguer Carròs y encarcelado en la prisión de Sassari, de donde logró escaparse para alcanzar el castillo de Osilo. Mientras los aragoneses asediaban el castillo, los marqués solicitaban la ayuda del antiguo enemigo pisano. Por su parte, para debilitar a sus oponentes, el Infante Alfonso concedió a sus fieles porciones de los territorios que pertenecían a los Malaspina y a la ciudad de Sassari.

 

La estrategia aragonesa de debilitación parece haber funcionado : los Marqués y los habitantes de Sassari, mediante el Juez del Arborea, acabaron por renderse a la obediencia del rey del Aragón. El 28 de junio de 1326, un tratado de paz fue firmado en el castillo de Bonaria, cerca de Cagliari.

Para la ocasión, Federico Malaspina, uno de los cuatro representantes de Sassari, fue investido por sus hermanos de los plenos poderes para resolver las controversias relativas a los derechos sobre Bosa y las curadorías de Planargia y Costavalle. Según los términos del tratado, les Malaspina se vieron obligados a abandonar el castillo de Osilo a los Aragoneses, a cambio de la revocación de las donaciones y asignaciones de los territorios anteriormente concedidos a los  feudatarios ibéricos. Restablecidos en la mayor parte de sus feudos, sin embargo los Malaspina tenían la obligación de prestar veinte jinetes por tres meses al año.

 

Con fin de sellar el tratado definitivamente, Azzone fue convocado en Cataluña ante el Infante Alfonso para renovar su juramento de lealtad. El 12 de agosto de 1326, en Fraga, el Infante recibe el homenaje del Azzone. Aunque finalmente restituido en feudo perpetuo a los Marqueses, el castillo de Osilo fue primero confiado por un tiempo indeterminado a un funcionario catalán, Guerau de Alos. No obstante, los Malaspina obtuvieron las curadorías de Montes y Figulinas, así como Coros y los puertos de Frigianu y Santa Filitica.

 

 

Una torre de Coros

A punto de regresar a Cerdeña, Azzone pretende ir primero a Italia. Sospechándole de no querer cumplir con sus obligaciones, el rey pidió que fuese detenido en Cerdeña hasta que cumpliese con su promesa y devolviese el castillo de Osilo. Hecho esto, fue soltado y los acuerdos globalmente aplicados.

 

La muerte de Jaime II el 2 de noviembre de 1327, y la necesaria reconfirmación de la investidura feudal, fueron motivos para reclamaciones sobre los castillos de Osilo y Bosa, este último habiendo sido concedido al Juez de Arborea por Alfonso. Las expectativas decepcionadas de los Malaspina contribuyeron en el fortalecimiento de los movimientos anti-aragoneses : apoyando una nueva rebelión de Sassari, los Malaspina fomentan actos de guerrilla y bandidaje, de acuerdo con los Doria. La situación se intensifica gradualmente, y en 1332, buscando apoyos externos y la extensión del conflicto, los Marqueses prestan juramento al emperador Luis IV de Baviera y al (anti-)papa Nicolás V. Apostando por un lado a la decepción germánica por la pérdida de  Cerdeña unas décadas antes, y de otra parte en las disensiones del Papado, antigua autoridad soberana de la isla, esta estrategia, si no produció los frutos deseados, participó en el empeoramiento de la situación insular.

 

Unos años después, una discordia nació entre los Malaspina en el momento de la renovación del acto del vasallaje al nuevo rey de Aragón, Pedro IV, el 8 de junio 1336 en Lleida, ante el cual mandaron el notario Guantino di Alessandria. En efecto, al momento, Azzone, Federico y Giovanni decidieron dividir el patrimonio familiar, con el objetivo declarado de simplificar las relaciones diplomáticas con los reyes de Aragón. En virtud de una acta firmada el 21 de marzo de 1339, Giovanni se volvía el único dueño de los bienes sardos, mientras sus hermanos conservaban los feudos peninsulares. Esta partición provocó la oposición de los miembros de las  ramas de Mulazzo y Giovagallo, quienes reclamaban su parte de propiedad. Mediante su Gobernador General Guillén de Cervellón, el rey de Aragón recibió el juramento de Giovanni por el castillo de Osilo y pueblos dependientes, las curadorías de Montes, Figulinas y Coros, así como Bosa. También legitimó Antonio, hijo natural de Giovanni, como heredero de los bienes paternos.

 

 

Fin de la presencia malaspiniana

 

El señorío sardo del Marqués de Villafranca fue de corta duración: Giovanni murió en 1342-1343. En ausencia de su hijo Antonio, dejó sus posesiones sardas al rey Pedro IV. Queriendo hacer valer su pretensión a la herencia de su hermano, Federico y Azzone movilizaron tropas en Italia y, con el apoyo de Doria, desembarcaron en Cerdeña. Después de una lucha feroz, lograron recuperar algunas posiciones y reconquistar el castillo de Osilo. Para oponerse a ello, la corte aragonesa decidió recurrir a la propaganda, tratando de demostrar la ilegitimidad de las posesiones de los Malaspina y Doria en la isla. Al parecer, ambas familias hubieran replicado por una contra-propaganda afirmando por lo contrario la antigüedad y la legitimidad de su presencia en la isla, que hicieron remontar a la expulsión de los sarracenos en el siglo XI. El conflicto empeora rápidamente. Apoyando a los Doria, los Malaspina asedian Sassari, a lo cual el Gobernador respondió por el envío de tropas numerosas. Los enfrentamientos causaron pérdidas considerables para ambas partes. Los Aragoneses, duramente golpeados, recibieron el apoyo del Pisa y sus aliados, mientras los Malaspina y Doria beneficiaron de los refuerzos genoveses. Frente a la amplitud del conflicto, Clemente VI intervino para imponer una tregua entre los beligerantes, rápidamente rota por los genoveses. A pesar de una nueva intervención de su sucesor Inocencio VI, y la guerra se extendió más allá de las fronteras de la isla: según parece, barcos genoveses llevando diplomáticos supuestamente para negociar con el rey de Aragón, atacaron el litoral catalán.

 

 

Pedro IV de Aragón

El conflicto duró hasta el final del año 1349, cuando se intentó un compromiso: a cambio Osilo y Montes, los Malaspina recibirían en feudo Figulinas y Coros. Para sellar los acuerdos, el rey de Aragón recurrió a una estrategia matrimonial, y pidió que un Malaspina aceptase casarse con una dama  de la casa real de Aragón. El tratado fue firmado por Federico Malaspina y Pedro IV en Lleida en 1352. El año siguiente, la paz fue rota por el levantamiento del juez de Arborea contra el rey del Aragón. Después de una prudente neutralidad inicial, los Malaspina, creyendo en una oportunidad para recuperar sus bienes mermados por los tratados sucesivos, finalmente hubieranse unido con el juez Mariano IV. Mientras en señal de ruptura los Malaspina se negaron a participar en el primer parlamento aragonés de Cerdeña en 1355, se promulga una disposición anti-Malaspina con el propósito de confiscar Figulinas y Coros.

 

En julio de aquel año, el restablecimiento de la paz entre los Arborea y los Aragoneses convenció a los Malaspina de volver a la negociación. Sin embargo, otro tratado que les devolvía Figulinas y Coros limitó posteriormente la influencia del marqués de Cerdeña. Desgraciadamente para los Malaspina, la reanudación del conlicto entre Arborea y los Aragoneses anula los acuerdos a penas firmados. El periodio que siguió no está documentado hasta el año 1365 que vio el fallecimiento de Federico y Azzone, después de cuarenta años de férrea defensa del patrimonio familiar. Dejando definitivamente las reivindicaciones sobre sus posesiones de Cerdeña, los Malaspina se replegaron en la península, donde sus territorios se veían amenazados por Milán y Florencia.