CRISTOBAL COLÓN Y LOS MALASPINA

 

 

Retratos de Colón por Ridolfo del Ghirlandaio (izquierda) y Sebastiano del Piombo (derecha). Cual es el verdadero ?

Curiosamente, Colón, tal vez el marinero más famoso de la historia, siempre guardó silencio sobre sus orígenes. Debemos a su hijo Fernando las pocas informaciones que poseemos, objeto de dudas y controversias. La oscuridad que rodea la historia personal de un hombre tan famoso no dejó de despertar fantasías y leyendas sobre sus antepasados y su patria. Aunque expresamente declarado "Genovés", es decir de orígen liguro, algunos le proclamaron portugués, español, inglés o griego, intentando así asociar tal nación particular al prestigio del descubrimiento del Nuevo Mundo, que con la caída de Constantinopla en 1453 marca el final de la Edad Media y los comienzos de los tiempos modernos. 

Si el estado actual de la documentación no permite resolver definitivamente el "misterio Colón", las últimas décadas han visto el surgimiento de trabajos que permiten aclarar un poco la historia del personaje y cuestionar algunas verdades acerca del plano de fondo del descubrimiento de América. Estos trabajos permitieron poner de relieve relaciones más o menos directas y estrechas con los Malaspina y lo Cybo Malaspina, de los cuales emergería unos pocos siglos después la figura de otro famoso navegante, Alessandro Malaspina.

 

Terrarossa de Moconesi,  lugar de nacimiento de Colón ?

 

Existieron muchas controversias sobre el lugar de nacimiento del navegador, pero su lápida que se encuentra en la Catedral de Sevilla, ofrece un indicio fuerte. De hecho, menciona " Christophorus Columbus de Terra Rubra ", "Cristóbal Colón de Tierra Roja” (Terrarossa, en italiano). Este origen es confirmado por su hermano, Bartolomé, quien, al margen de un mapamundi presentado al rey de Inglaterra, se dice "Bartholomeus Colombus de Terra Rubra ". Fernando, un hijo del explorador, también proclama que su padre era "oriundo de Terrarossa" y que antes de firmar sus documentos como "Almirante", firmaba "Cristoforo Colombo di Terrarossa”.

 

Tumba de Colón (Catedral de Sevilla)

 

No hay menos de tres lugares llamados Terrarossa en la región de Génova, ubicados a poca distancia uno de otro. Dos de ellos, Terrarossa de Moconesi, en el Valle Fontanabuona, y Terrarossa cerca de Quinto en la costa de Liguria (donde la familia Colombo se había establecido antes de trasladarse a Génova en la década de 1480), se encuentran a 19 km de distancia. Fue probablemente en el primer que hubiera nacido el navegador, como lo sugerien varios documentos de archivo. Así, el 1 de abril 1439, un habitante del valle Fontanabuona promete a Domenico Colombo, padre de Cristóbal, oficiando como tejedor, de enviarle su hijo como aprendiz. Más tarde, el 26 de marzo de 1451, Domenico compra un pedazo de tierra a un vecino de  Moconesi, municipio al cual pertenece el pueblo de Terrarossa.

 

Ahora bien, este Terrarossa era un antiguo feudo malaspiniano, cerca de los pueblos de Cicagna, Lorsica, Torriglia y Coreglia Ligure, ubicados en el mismo valle Fontanabuona. Todos antiguas posesiones de los Malaspina, heredadas de la Abadía de Bobbio San Colombano de la cual los Marqueses llevaban tradicionalmente el título de "príncipes", por razón de la defensa de los territorios de la prestigiosa abadía que ejercieron sus antepasados. El Conde Oberto, beneficiario de los bienes de la abadía, se huberia apropriado de estas tierras, trasmitiéndolas como herencia a sus descendientes, principalmente a los Malaspina, posesión parcialmente confirmada por el diploma imperial emitido por Barbarroja en favor de Obizzo Malaspina en 1164.

 

Si se atestigua la presencia de la familia Colombo en Terrarossa en el siglo XV, aparentemente los antepasados del navegador no eran oriundos del lugar. Sin embargo, algunos documentos recientemente descubiertos en los archivos de Génova sugieren una larga presencia en la región, siempre en tierras malaspinianas. Un documento de 1262 indica la existencia de tierras pertenecientes a un tal Guglielmo Colombo en el territorio de Cicagna, otro feudo de los Malaspina ya mencionado. Otro documento de 1250 también menciona un terreno perteneciente a un Colombo en el margen  del río Lavagna cerca de Coreglia, un pueblo vecino de Cicagna, y como éste una antigua posesión malaspiniana.

 

El documento más antiguo sobre los Colombo es una escritura pública fechada de 1173, en la cual otro Guglielmo Colombo presta juramento en un tratado de alianza con el Marqués Guglielmo de Massa, un primo de la Malaspina.

 

Cristobal Colón y el papa Inocencio VIII, Gianbattista Cybo

 

En su Vida de Inocencio VIII, Francesco Serdonati vio una señal de la providencia divina en el hecho de que "mientras un genovés gobernaba el mundo cristiano, otro genovés descubría otro mundo, en el cual se estableciera la fe cristiana." Si en realidad la repentina muerte de Inocencio VIII precedió de diez días la salida de Colón del puerto de Palos, aquella coincidencia del pontificado del papa genovés Inocencio VIII (Gianbattista Cybo) y del proyecto colombino no ha dejado de crear fantasías y leyendas. Según la más reciente de ellas, Cristóbal Colón hubiera sido nada menos que uno de los muchos hijos naturales engendrados por Gianbattista Cybo antes de su accesión al trono de San Pedro. Según esta hipótesis, Columbus huberia sido concebido en Nápoles en la década de 1440 durante una aventura entre el futuro Inocencio VIII de apenas catorce años, cuyo padre Arano Cybo era virrey de Nápoles, y una noble dama de la familia Colonna. Para evitar el escándalo, el niño hubiero sido confiado a una familia plebeya de Liguria. Un secreto doloroso que explicaría el silencio de Colón sobre sus orígenes...

Inocencio VIII (Giambattista Cybo) – Medalla

Por improbable que parezca, esta hipótesis (que se benefició de una publicidad considerable en los periódicos italianos y extranjeros, entre ellos el Times) ha llevado a algunos genetistas universitarios italianos a ofrecer una prueba comparativa de los ADN respectivos de Colón y del Papa. Y de hecho, tal propuesta se basa en un conjunto de indicios curiosos, unos de los cuales no están exentos de una cierta consistencia, aunque sujetos a diversas interpretaciones. Estos datos, casi desapercibidos hasta ahora, también permiten matizar la imagen de un Papa hasta ahora principalmente considerado como un pontífice oscurantista.

 

Último papa del Medievo, Inocencio VIII ha sido recordado como el pontífice que extendió los poderes de la Inquisición - hasta el momento limitados a la lucha contra la herejía- a los casos de brujería, encendiendo hogueras por toda Europa. También condenó las tesis de Pico della Mirandola, una de las figuras claves del Renacimiento intelectual italiano. Sin embargo, una serie de hechos llevan a alumbrar este sombrío retrato. En particular, parece que en su juventud estudió en la Universidad de Padua, la más “liberal” de la época, donde se enseñaban la cosmología y la filosofía árabes y se desarrollaban ciertas teorías rayando en la herejía. Allí se hizo amigo de Nicolás de Cusa, uno de los primeros defensores de la teoría heliocéntrica, y con Paolo dal Pozzo Toscanelli, un cosmógrafo cuyas teorías más tarde inspirarían a Colón en su deseo de llegar a las Indias por al oeste. Sobre todo, parece que, a diferencia de las ideas más comúnmente aceptadas, Inocencio VIII haya jugado un papel clave en la preparación y la financiación del proyecto colombino.

 

Contrariamente a lo que recuerda la historia, la mayor parte de la financiación de la expedición no era de la real hacienda española, pero fue principalmente asumida por tres personajes directamente relacionados con el Papa. En primer lugar, el florentino Giannotto Berardi, quien administraba los bienes de los Medici en España, una familia con la cual estaba relacionado Inocencio VIII por el matrimonio de su hijo Franceschetto con Magdalena de Médicis, hija de Lorenzo el Magnífico. Por otra parte Luis Santángel, administrador de la milicia de la Santa Hermandad y recaudador de las rentas eclesiásticas de Aragón, dependiendo entonces de la autoridad del Papa, quien prestó a Isabel la Católica, en nombre de la Santa Hermandad, la suma de un millón de maravedís para financiar a Colón. Sobretodo, él fue socio de negocios del tercer financiero de Colón, Francesco Pinelli, rico comerciante genovés también administrador de la Santa  Hermandad y colector pontificio, y que era nada menos que el sobrino del Papa. En su testamento, el navegador, sin mencionar a sus financieros, recuerda además que "Sus Altezas non gastaron ni quisieron gastar para ello salvo un cuento de maravedís [suma prestada por Luis de Santangel], e a mí fue necesario de gastar el resto  " 

También sabemos que los reyes de España, en un principio reacios a apoyar el proyecto de Colón, fueron convencidos por un tal Alessandro Geraldini, hermano de un amigo del navegador, y que también era Nuncio de Inocencio VIII. Se tuvo que esperar el siglo XIX y el pontificado de Pío IX para ver mencionado el papel discreto pero fundamental de Inocencio VIII en el apoyo a Colón. En 1851, el Pontífice hizo este comentario cargado de sentido: "Al conocer estos documentos relativos a una porción del Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón, aparecerá con la mayor certeza de que Colón comenzó su proyecto excelente gracias al  impulso y el apoyo de la Sede Apostólica". En un documento de la misma época, el Cardenal Donnet mencionó que antes de presentar su proyecto a los reyes ibéricos, Colón lo había expuesto a Inocencio VIII.

 

Si ahora ya no se puede negar el importante papel de Roma en la financiación de Cristóbal Colón, también parece que el papel de Inocencio VIII fue más allá del mero apoyo financiero. Fuentes convergentes, procediendo de los descendientes de Colón y la corte española, sugieren que durante la preparación de su proyecto Colón tuvo acceso a algunos escritos "antiguos" conservados en la biblioteca personal de Inocencio VIII, que tenía fama de ser "versado en la geografía”, a propósito de tierras por descubrir en el "Mar Tenebroso". Se sabe también que durante un viaje a Roma, a Martín Alonso Pinzón -piloto de la expedición de Colón-  le hubiera proporcionado el bibliotecario del Papa copia de un mapa que mencionaba una tierra sin nombre en el Mar del oeste. El comentario de Bartolomé de Las Casas, amigo del explorador, según el cual Colón "tenía certidumbre de que había de descubrir tierras y gentes, como si en ellas personalmente hubiera estado”, pudiera entonces tomar cierto relieve. 

                                           

Martin Alonzo Pinzón

Se desconoce el destino posterior de este mapa. Sin embargo, se sabe que en el Museo de Topkapi de Estambul existe un discutido mapa del siglo XVI, elaborado por el Almirante turco-griego Piri Reis, y que constituye un enigma científico. En efecto, se encuentra representado un trazado de las costas americanas y tal vez antárticas que excedía en su detalle los conocimientos de la época. Ahora bien, en los márgenes del documento Piri Reis cita a Colón, mencionando que "Colón tuvo en las manos un libro en el cual aprendió que en los confines del Mar del oeste existían costas e islas". Añade en seguida que "los litorales y costas que están en este mapa proceden del mapa de Colón”. Deberíamos entonces ver en el mapa sorprendente de Piri Reis un eco del documento procedente de la biblioteca de Inocencio VIII, que Colón hubiera utilizado para elaborar uno de sus mapas recuperado por el almirante turco? 

Mapa de Piri Reis (a izquierda), redibujada (a derecha)

El papel de Inocencio VIII en la aventura colombina fue borrado por la muerte repentina y misteriosa del Papa, pocos días antes de la salida de Colón al Nuevo Mundo. Le sucedió en el cargo Rodrigo Borgia, elegido bajo el nombre de Alejandro VI. Un papa español, estrechamente vinculado a la corte del rey Fernando de Aragón, y conocido por su uso excesivo de sustancias tóxicas. Después de un período de olvido de más de un siglo, la memoria del Papa Inocencio VIII y de su papel en el descubrimiento de América será recordado por su sobrino-Alderano Cybo Malaspina en la lápida que puso en 1621 en la Basílica de San Pedro: “(...) Novi Orbis Suo Aevo inventai Gloria. (...)” "(...) La gloria del descubrimiento del Nuevo Mundo durante su reinado (...)". Título que, si no le correspondía de hecho a Inocencio VIII, por lo menos le correspondía de derecho.

Lápida funeraria de Inocencio VIII, hecha por Alderano Cybo-Malaspina.

 

Preguntas y puntos oscuros

 

La hipótesis poco probable de un vínculo de parentesco entre Cristobal Colón y Gianbattista Cybo se funda así sin embargo en el núcleo difícilmente negable de las relaciones que existieron entre los dos compatriotas liguros. Relaciones sobre las cuales hay que reconocer que ciertamente todo no fue dicho, y que en todo caso no son suficientes para aclarar las oscuridades de la biografía del navegador como del Papa.

 

Entre estas zonas grises, quedan por aclarar los medios y circunstancias que permitieron a Colón, al parecer hijo de un pobre tejedor, estudiar en la Universidad de Pavía. Uno también puede preguntarse sobre la realidad de la voluntad de Colón de llegar a las Indias por el oeste: de hecho, recientemente un investigador serio pudo demostrar que los conocimientos matemáticos, astronómicos y geográficos acumulados por Colón permitán sin demasiada dificultad deducir la existencia de otra tierra hacia el oeste entre Europa y Asia. Desde este punto de vista, es interesante notar que aparentemente Colón estaba relacionado, tanto en España como en Portugal, con cenáculos judíos y cristianos heterodoxos donde se desarrollaban ciertas utopías político-religiosas para las cuales una Nueva Tierra hubiera sido un terreno de experimento privilegiado.

 

En cuanto a Gianbattista Cybo, uno no puede ser interrogado por la discreción, por no decir el carácter casi clandestino de su apoyo al proyecto colombino. Un Papa también con doble personalidad, combinando aparentemente el más estricto conservatismo con un fuerte interés en ciencias y teorías a veces rayando en la heterodoxia. Interés que pudiera haberse descubierto en la Universidad de Padua, que también es conocida por haber sido un caldo de cultivo para pequeños grupos y hermandades, animados por ideas bastante cercanas a las que se encontraban en los círculos frecuentados por Colón. Finalmente, cabe preguntarse sobre la naturaleza exacta y el origen de los documentos "antiguos" que Cybo hubiera trasmitido a Colón. Desde este punto de vista, podemos observar que la segunda mitad del XV está marcada por la caída de Constantinopla (1453) y la transferencia a Europa (Grecia e Italia) de los saberes acumulados por Bizancio desde la antigüedad y desconocidos en Europa Occidental. Si este movimiento ha llevado al redescubrimiento de las obras de los filósofos antiguos que impulsaron el Renacimiento italiano, no podemos excluir la posibilidad de la existencia, entre este vasto corpus, de obras antiguas de cosmógrafos o geógrafos griegos, vectores potenciales de datos sorprendentes llegados en manos prudentes. Valdría la pena recordar aquí que los mismos Cybo eran de origen griego, y que el padre de Gianbattista, Aronne, había nacido en la isla de Rodas.

 

Sin duda, toda la historia del descubrimiento de América no has sido escrita ...