BERNABO MALASPINA


Le sucedió su primo, Bernabó, hijo de Moroello Malaspina de Mulazzo. Bernabó había sido antes canónigo de la catedral de Génova (1302). Poco después de su nombramiento, confirmó Castruccio Castracani en sus posesiones a cambio de una parte de las ganancias procedentes de los peajes y de las rentas de la diócesis, un acuerdo que duró hasta la muerte del condottiere en 1328. Este año, aprovechándose del debilitamiento del condado de Lucca, los poderosos vecinos de la diócesis trataron de recuperar parte del territorio. Bernabé también participó en esta nueva guerra, junto a su primo Spinetta el Grande, los Della Scala de Verona, los Visconti y los florentinos. Derrotó a los pisanos que abandonaron Massa e Avenza e hizo su entrada en Sarzana en 1335. El año siguiente, se apoderó de la ciudad de Massa.

Bernabó murió el 5 de agosto de 1338 y fue sepultado en la iglesia San Francesco de Sarzana. El epitafio del monumento funerario, aún visible en la iglesia, indica :  Sobrius et lenis, castus , misurator egenis ; Compatiens mestis et moribus aptus honestis.

En 1351, un nuevo miembro de la familia Malaspina fue nombrado obispo de Luni por Clemente IV: Gabriel, hijo de Azzolino II, marqués de Fosdinovo, hermano Spinetta el Grande y de Bernabó, el arzobispo de Pisa. Cuatro años más tarde, el emperador Carlos IV le confirmó como obispo-conde de Luni, haciéndole además príncipe del Sacro Imperio Romano.

 

En 1353, los güelfos y gibelinos se refirieron a él para preparar para la paz entre ambas partes, un esfuerzo condenado al fracaso debido a un antagonismo muy fuerte entre las dos facciones. Luego se dedicó a su misión espiritual, renunciando en cualquiera reivindicación política, material o territorial y se dedicó a la gestión de su diócesis desde Sarzana. Sus cualidades de honestidad conducieron también su tío Spinetta el Grande a nombrarle como albacea.